La obra artística, cumple su finalidad cuando se convierte en alimento espiritual.
El espectador encuentra una consonancia con su alma. Naturalmente tal con-sonancia ( o re-sonancia) no se queda en la superficie: el estado de ánimo de la obra puede profundizarse y transfigurar el estado de ánimo del espectador. En todo caso, obras como éstas evitan que el alma se envilezca y la mantienen en un determinado tono como el diapasón a las cuerdas del instrumento.
KANDINSKY